Encuentro entre extraños conocidos
Alguna vez hablando de sexo habíamos comentado excitantes encuentros y fantasías, no solo por lo cachondos que nos ponía hacerlo, sino también para aventurarnos juntos en nuevas experiencias que explotaran nuestra sensualidad. Pocas cosas consiguen ponérmela tan dura como escuchar a Luna relatar sus deseos, quizá por la ardiente viveza que reflejan sus ojos al hacerlo, o por el marcado contraste entre su inocente cara y la indecorosa obscenidad que dictan sus labios.

En una de esas conversaciones ambos comenzamos a divagar y acabamos hablando sobre cómo nos excitaba la idea de comportarnos como extraños, actuar como desconocidos, de forma que nuestro encuentro fuera algo novedoso y sorpresivo, reuniendo lo mejor de ambas partes. Sin duda, la chispa residía en el hecho de poder crear un personaje ficticio y caprichoso que jugueteara sin pudor con el otro. A la vez, el conocernos realmente nos permitiría, una vez en la cama, sumir inequívocamente nuestros cuerpos en un profundo placer.
Habían pasado semanas de la vez que hablamos de aquellas fantasías eróticas, al igual que de la última vez que habíamos follado. El trabajo y los estudios hacían estragos en nuestra vida social, además del poco espacio personal que teníamos en nuestras hediondas casas compartidas. Apenas salíamos un par de veces al mes, y, si la cosa se tornaba bien, abandonábamos el garito de turno para acabar montándonoslo en cualquier parque o mirador de la ciudad. Tenía su morbo colarse de noche en algún jardín y hacer todo tipo de guarradas entre los árboles, viendo a la gente pasear al otro lado de la valla. Antes de esto solíamos ir al cine, normalmente a alguna sesión nocturna que no tuviera mucho público. A veces había demasiada gente y teníamos que conformarnos con una mamada o cunnilingus en una de las últimas filas, pero en una ocasión en la que éramos los únicos espectadores pudimos follar con descaro en la butaca más central de toda la sala, hasta que alguien nos debió ver por las cámaras e hizo traer al acomodador para echarnos de allí.
Era viernes a mediodía y habíamos planeado una escapada para el finde a una casa de campo en las afueras. Con el típico fervor que me provoca cualquier abstinencia de más de una semana, no había parado de pensar en aquella fantasía entre desconocidos de la que hablamos. Sabía que Luna también estaba deseando pasar un fin de semana divertido. Habíamos estado mensajeándonos durante la mañana:
- Luna: Qué ganas de pasar el finde juntos...he pensando mucho en ello
- Hugo: Jeje, sabes que no va a ser un finde cualquiera, verdad?
- Luna: Lo pasaremos bien. No sabes lo que te espera, Hugo 😉
- Hugo: 😳😳
- Luna: Es normal que estés nervioso...
Salí temprano de la oficina para ir a buscarla a la puerta de la facultad. Ella también se había apresurado para salir un poco antes de clase, y al llegar la vi esperándome, sonriente y con su mochila al hombro, tan atractiva como siempre. Salimos disparados con dirección a la casa de madera tan mona que habíamos alquilado. Me fue difícil evitar manosear los suaves muslos de Luna mientras conducía, solo pensaba en abrirme paso a través de su fina y provocativa falda.
Al llegar a la casa ambos quedamos impresionados. Era aún mejor de lo que esperábamos. Mientras dejaba el equipaje en el cuarto, Luna, sorprendida, me dijo:
— ¡Hugo, ven, corre!
Me señaló con el dedo un pequeño bar que conectaba con el salón.
— Ya sabemos dónde vamos a empezar la noche — le dije con una mueca juguetona.

A decir verdad, el bar era espectacular. La luz y la decoración cálida hacían muy buen juego con el ambiente acogedor del salón, a la vez que aumentaban el sensual hechizo que parecía invadir la casa. Mientras Luna seguía explorando el bar con una copa ya en la mano, yo fui a ducharme y prepararme para la noche.
— Será la última vez que me veas hasta mañana — le dije alejándome por las escaleras.
— Y tú a mí, será divertido...
Mientras me estaba duchando repasé mi minucioso plan para el encuentro. Era habitual que Luna y yo añadiéramos pequeños juegos cuando manteníamos relaciones. A veces usábamos algún juguete, otras lo hacíamos en sitios públicos —nada superaría aquel infame polvo en la sala del cine—, otras tantas nos divertíamos en distraer al otro con placer mientras realizaba alguna tarea —jugar a la consola, hablar por teléfono, leer, estudiar o incluso dormir—, y otras sencillamente nos decíamos guarradas de todo tipo. Sin embargo, lo de aquella noche iba a ser distinto. Mi alter ego sería alguien misterioso, pero sobre todo sería un personaje inesperado. Quería confundir a Luna, quería que sintiera que realmente no sabía a quién tenía delante. Acabé de enjabonarme todo el cuerpo y salí de la ducha. Al vestirme, los pantalones del traje apenas podían contener mi enorme erección.
Había llegado el momento de adoptar el papel. Bajé al piso de abajo con decisión y me encontré con Luna en el bar, tal y como habíamos resuelto. Estaba despampanante. Se había arreglado y lucía un provocativo y casi transparente vestido negro, además de un finísimo colgante de zafiro. Sin duda sabía cómo ponerme cachondo con su elegante forma de vestir.
— ¿Con quién tengo el gusto de sentarme? —me dijo muy segura de sí misma.
— Me llamo Neyem.
Acerqué mi cara a la suya y la besé en una mejilla, entre lo cual ella aprovechó y me susurró al oído:
— Esta noche seré Anul...
Me separé y prosiguió:
— Siéntate Neyem, pero antes sírveme una copa.
El nuevo aspecto de Luna me había sorprendido. Ella no solía vestirse así, ni arreglarse tanto, pero no solo su aspecto, sino la forma de hablar y de transmitir que tenía llamaron mi atención. Su personaje era imponente y realmente consiguió hacerme sentir estar con una desconocida. El juego apenas había comenzado y ya lo estaba disfrutando.
Luna, o mejor dicho, Anul llevaba los labios pintados de un rojo mate que contrastaba maravillosamente con la palidez de su piel, al igual que su oscuro atuendo. Nos serví una buena copa de vino a ambos y comenzamos a entrevistarnos.
— Te diré una cosa Neyem, a modo de consejo: no me gustan los fanfarrones.
— No te preocupes, soy una persona condescendiente a la que le escuchar y deleitar. No pretendo sino agradarte.
— Te será dificil llamar mi atención — replicó — me quedan muy pocas cosas por experimentar en esta vida.
La sonreí y bebí un trago de mi copa.

Ella mostraba un carácter ciertamente desinteresado hacia mí, un carácter que complementaba a la perfección la personalidad complaciente y solícita que seguí yo. Las agujas del reloj avanzaron rápidamente mientras hablábamos acerca de nuestras vidas inventadas. En un momento de la conversación Anul me contó que su elevada posición social le había brindado experiencias fuera de lo común y de lo generalmente aceptado. Decía haber formado parte de una élite de sumo poder, y que gracias a aquellos contactos había hecho cosas que sobrepasaban su imaginación, incluso su control en ocasiones.
— No obstante, los gustos cambian. No busco ninguna excentricidad más. Ahora, me he acostumbrado a tener lo que quiero, Neyem, a que se me obedezca — me miró fijamente.
Asentí inclinando levemente mi cabeza, con mis ojos clavados en los suyos.
— Parece que sabes bien lo que quieres de mí — le dije.
Mi plan estaba funcionando. Me había mantenido centrado en dejar que Anul hablara y guiara la conversación para que calara en ella la convicción de que yo iba a ser su monigote esa noche.
— Lo sé muy bien. Sé que eres un hombre hambriento de amor y de cariño, y me voy a aprovechar de eso. Sé que llevas tiempo sin experimentar placer alguno y que sientes la necesidad imperiosa de liberar lo que llevas dentro. He podido ver en tus ojos la angustia y la desazón de un hombre famélico de afecto.
Por primera vez en la noche el alter ego de Luna había fijado su atención en mí con aquel vivo discurso.
Acabábamos de descorchar la tercera botella de vino de la noche y ambos sentíamos claramente la embriaguez de aquel crianza del Duero, de excelente maduración, cuyo efecto más evidente era la exacerbación de mi deseo carnal. Permanecimos callados unos instantes, mirándonos con cierta confusión, como el que cruza miradas con un desconocido en el metro a quien tiene la sensación casi certera de conocer. Anul cogió de nuevo la enorme copa de vino y, al beber, una colmada gota de aquel negruzco vino se derramó desde sus labios a su hoyuelo, dejando un delicioso rastro húmedo. Sentí de nuevo una enorme excitación.
De repente, Anul acercó su silla hacia donde yo estaba de un solo golpe, y poniéndome la mano en la pierna, me dijo:
— Voy a desnudarte, te voy a meter bajo la ducha y voy a empezar a trabajar todo tu cuerpo con mis manos, venerando cada parte de ti con mi delicado masaje. Voy a llevar tu sexo a la cima del placer de la mano de la más impiadosa negación, pues antes habrán de caer lágrimas de tus ojos para que deje siquiera te aproximes al orgasmo — cogió aire y continuó:
— Seré yo quien te dé el amor y el cariño que tanto extrañas, pues rendiré culto a tu cuerpo con la gracia digna de una divinidad, pero solo dejaré que alcances el culmen cuando el vello de toda tu piel se erice y pueda oír el bombeo de tu pecho extenderse por tu angustiado ser, cuando tu respiración sea tan agitada que sientas desvanecerte...No sin pesar alcanzarás el orgasmo que deseas.
Observar el personaje que Luna estaba interpretando resultó estimulante ya desde el principio, pero escuchar la fantasía que acababa de describir hizo estremecer mi miembro, y pude sentir cómo este desbordó mis calzoncillos y mojó mi muslo derecho con su humedecido y ardiente capullo.
Sin duda había elaborado aquel personaje, pues Luna nunca antes había mostrado aquel depravado tipo de interés, haciéndome sentir una vez más como si realmente estuviera con una extraña. Anul se mordió el labio y parecía que iba a abalanzarse sobre mí en cualquier instante. Supe entonces que era el momento de revelar el protagonista real de mi alter ego, que nada tenía que ver con el tipo apacible y obediente que venía impostando.
— Me has conseguido poner muy cachondo con tus perversas ideas, Anul. Pero ahora voy a poner fin a mi papel de niño bueno y te voy a mostrar la persona con la que realmente has quedado esta noche.
Ella frunció el ceño en un gesto de confusión. Vi cómo su mirada bajaba a mi entrepierna al haber notado lo empalmado que estaba. Se levantó del taburete y me agarró la polla por fuera de los pantalones.
— ¡Dijiste que te gustaba escuchar y complacer, así que acompáñame a la ducha y haz lo que te...!
Antes de que pudiera terminar la frase me había puesto de pie de golpe y mi mano tapaba su boca.
— Ahora me toca a mí, muñeca. Te agradezco las ideas que me has dado, harán de mi plan algo más entretenido.
La cogí de la cintura y la puse contra la pared, de espaldas a mí. La polla estaba quemándome el muslo desde hacía rato, así que me la saqué de una vez para que pudiera respirar, mientras seguía sosteniendo el cuerpo de Anul contra la pared. Le levanté el aterciopelado vestido negro y acaricié suavemente sus pomposas nalgas con mi mano y luego con mi miembro. Entonces le bajé violentamente el tanguita, lo cual hizo que Anul soltara un breve y tembloroso gemido.
— Voy a dominarte y usarte a mi antojo, ¿lo entiendes?
Anul enmudeció por completo y me arrojó una medrosa mirada.
No iba a follármela tan rápidamente, tenía muchas cosas pensadas antes de eso. Le di unos azotes con mi polla mientras la cogía de la cintura y le humedecía la nuca. Su respiración era cada vez agitada. Pude oír cómo tragaba saliva nerviosamente mientras mi boca aún rozaba su cuello.
Coloqué su cuerpo sobre uno de mis hombros y la llevé a la cama del dormitorio principal, donde unas sábanas de seda blancas, casi tan inmaculadas como las descubiertas nalgas de Anul, aguardaban a sus huéspedes. Una vez allí le ordené quitarse el vestido con tan solo un leve movimiento de cabeza y me dejé recostar sobre el colchón con las piernas abiertas. Al fin asomaron sus delicados y perfectamente redondeados pechos, que de alguna forma me llamaron por mi nombre y me convidaron a un banquete. Entonces cogí a Anul del brazo y la acerqué para deleitarme con aquellos interminables trozos de carne, que se balanceaban con cada movimiento de su talle. A los pocos segundos recobré la compostura y separando mi boca de uno de sus rosados pezones le dije:
— Antes de someter todo tu cuerpo y utilizarlo para mi disfrute, voy a dejar que por unos minutos obres en «libertad» y sientas aproximarte a tu frustrada intención.
Anul, aún con el tanguita puesto, y sin haber dicho palabra desde que adopté mi verdadero alter ego, se apresuró a desvestirme mientras yo seguía tumbado. Se puso de rodillas sobre la cama con mi cuerpo entre sus gloriosas piernas. Primero me quitó la camisa, deteniéndose un instante para pasar sus manos por mi pecho. Vi cómo se mordía los labios de nuevo. Siguió desnudándome hasta dejarme en calzoncillos. Entonces descendió lentamente hasta que su rostro se encontró con mi bombeante paquete. Aquello la excitó hasta el punto de olvidar su cohibición, y al fin habló:
— El calor que desprendes no tiene parangón — dijo mirándome a los ojos mientras desenvolvía su regalo con las manos.
Inmediatamente me vi inmerso en incontrolables convulsiones y sofocos provocados por la mamada en la que Anul se recreó durante largo rato. Llegué a sentir un cálido cosquilleo que recorrió toda mi columna, desde la zona sacra hasta la nuca. Jugaba con mis pelotas al mismo tiempo que sus delicadas y pequeñas manos cosquilleaban mi vientre y cintura.
— Pff...eres, eres una bruja — dije jadeando y titubeante —. Esta es la segunda vez que por poco consigues torcer mis planes para satisfacer tu propio propósito. ¿Cómo sino pactando con el mismo diablo podrías haber alcanzado tan hábil y depravada destreza?
Anul pasó su lengua por toda mi polla y me lanzó una mirada juguetona, como vacilante.
Había traído conmigo la botella de vino al venir del bar con Anul al hombro. Mientras la bruja seguía ocupada con sus trucos, la cogí de la barbilla y la besé. Sus labios y toda su boca estaban empapados en saliva. La seguí besando y alcancé con mi mano libre la botella que estaba en la mesilla de noche. Le di de beber a ella primero, di un trago yo y seguidamente le derramé una buena cantidad entre sus dos tetas. El frío que recorrió su cuerpo la hizo temblar:
— ¡Ay...!
Lamí y relamí cada centímetro de su piel donde había algo de vino. Los dos estábamos bastante «contentos» y enormemente excitados. Quería follármela de una vez. Casi podía sentir su hinchado chochito pugnando por escapar aquel maldito tanga, pidiendo libertad.
— Está bien Anul, ya te has regocijado lo suficiente. Ahora serás mía caprichosamente.
Le di la vuelta y la tumbé sobre la cama. Acerqué la cara a la parte más baja de su espalda, arqueada en la forma más lasciva que jamás había visto. Más abajo, su culo se elevaba ligeramente, en posición de monta. Nunca había tenido tantas ganas de hacérselo por detrás, de follármela como a una verdadera perra. Estaba tan pegado a ella que pude ver cómo mi húmeda respiración hacía erguir el fino vello de su espalda. La agarré de la cintura y le pasé la lengua por el centro. Ella temblaba por el cosquilleo y la excitación.
Le volví a dar la vuelta, empujé sus muslos sobre su torso y aparté su tanga a un lado para poder restregar mi falo sobre su cáliz del éxtasis. El frote hizo gemir de placer a Anul, que alargó su brazo para palpar mi sexo.
— ¡Estate quieta! — grité — , ahora eres mi juguete y solo yo llevaré el control. Voy a maniatarte para que te quede claro quién lleva las riendas aquí...Después de todo, quizá seas tú quien acabe llorando de un gozo inconcluso antes de que la forma en que te monte te lleve al delirio.
No aguantaba más. Le coloqué unas esposas que tenía preparadas y le clavé la polla por detrás. Su jugoso y ardiente coño me envolvió haciéndome perder la cabeza. Pude sentir cada centímetro recorrido por mi polla en su interior al penetrarla. Pensé que me corría con tan solo la primera sacudida. Llevaba semanas sin follar y soñaba con aquel momento, esa fantasía. Comencé a follármela frenéticamente, mis golpes eran cada vez más agresivos. Traté de besarla, pero sus sollozos eran tan agitados que me costó encontrar su boca, así que la sostuve del cuello.
— ¿Qué te parece esto, Anul? ¿Crees que el mindundi que tenías a tus pies hace un momento te abusaría de esta manera? ¿O te fastidia no estar llevando a cabo tu plan para arrebatarme la posibilidad de correrme mientras me «masajeas» en la ducha?
— Me...me gusta... ¡me encanta que me folles así, Neyem! — respondió con la voz entrecortada.
— Quiero que me trates como a tu zorra — siguió diciendo entre gemidos.
La potencia de mis vigorosas embestidas sobre su culo respingón hacia temblar las paredes del cuarto. Anul no dejaba de gritar:
— ¡Ahhhh! Mmm sí, por Dios Neyem, qué rico me follas...Mmm… ¡sí joder sigue, SIGUEEE!!!
Verla gozar de aquella forma mientras la dominaba a mi antojo era extraordinario. La cogí del pelo y seguí montándola con mayor energía aún. El sonido de nuestros cuerpos chocando con cada sacudida me aceleraba el pulso.
No dudé en asestar violentos y certeros azotes sobre sus nalgas, enrojecidas hacía tiempo. De pronto sentí que el rol déspota que había asumido despertó en mí un primitivo instinto de agresión y lucha. Sentí el impulso de que Anul se enfrentara a mí físicamente, así que le abrí las esposas sin dejar de penetrarla ni un solo segundo.
— ¡Vamos zorra! ¡Ahora tienes la oportunidad de pelear y defenderte, pero no por eso dejaré de usarte!
Pese a tenerla agarrada de distintas formas, Anul consiguió escaparme ágilmente y, tras colocarse de rodillas en la cama frente a mí, me miró con saña y se me abalanzó con fuerza. Sin que me diera tiempo a reaccionar la tenía encima, ahora era ella quien me montaba con un ansia demencial. Ambos gemíamos como animales en celo.
— ¡OHHH DIOOS, JODIDA FORMA DE MONTARME!
Traté varias veces de apartarla para impedir que tuviera el control, pero era tal la magnitud del goce que su monta me provocaba que mi cuerpo apenas respondía a las órdenes de mi apabullado cerebro. Sus enormes tetas bailaban de un lado al otro a escasos centímetros de mi cara. Nunca antes había habido una danza tan libinidosa como la que Anul practicaba sobre mí.
— Maldita perra de fuego...Ohh...Mmm... — apenas pude pronunciar.
— No deberías haberme soltado — añadió Anul mientras las gotas de sudor de su humeante cuerpo caían sobre mi cara.
Empezó entonces a agarrar y a pellizcar con fuerza todo mi torso. Sus manos abiertas apretaban la carne de mi cintura, atrapada entre sus dedos. Subió y arañó mi pecho con sus afiladas uñas. Me daba tortas mientras su otra mano me estrangulaba dejando caer todo el peso de su tronco sobre mi garganta.
— Jodida...perra...salvaje — traté de decir casi asfixiado.
— ¿No era esto lo que querías? ¡Aquí tienes tu pelea cabronazo! — respondió mientras seguía maltratándome.
Mi palpitante polla atisbaba ya el orgasmo inminente, mas no podía dejar que Anul se llevara la satisfacción de dictar su llegada. Sus constantes sollozos y cada vez más temblorosos espasmos reflejaban también su proximidad al culmen.
Cogí impulso y conseguí tirar a Anul hacia atrás, que yacía ahora tumbada ante mí. Le levanté las piernas y agarré lo más fuerte que pude sus carnosos muslos. Quería comerme aquellas malditas piernas.
— ¡Oh, Dios! ¡Qué suculento manjar has colocado ante mí! — exclamé con la mirada hacia el techo.
Empecé a follarla mientras ella seguía estrujando enfermiza y duramente mis brazos. Jadeaba y gritaba:
— ¡Jodido semental hijo de puta! Cabrón insolente... ¿¿¡¡POR QUÉ ME GUSTA TANTO QUE ME UTILICES ASÍ!!??
La fuerza con la que la abofeteé casi me sacó de mi delirio, no así a ella, que parecía más excitada que nunca. Exclamó de su placentero dolor, reflejado también en su mirada. Me enfurecí todavía más y la estrangulé del cuello. Sus arterias adquirieron relieve mientras su rostro comenzaba a amoratarse.
— ¡¡¡FÓLLAME NEYEM, FÓLLAME MÁS Y MÁS FUERTE!!! ¡¡SÍRVETE Y HAZ LO QUE QUIERAS CON ESTE INCEDENTE ANIMAL QUE HAS DESPERTADO!!
Su flexible cuerpo me permitía contorsionarla a mi antojo, haciendo encajar a la perfección nuestros sudorosos cuerpos, que nunca antes se habían encontrado en tan excitante enlace. La tenía agarrada de las piernas como a un peluche cuando al fin mis profundas embestidas la sumieron en el mayor de los orgasmos.
Anul enmudeció. Su boca abierta derramaba un hilo de saliva y sus ojos se habían dado la vuelta hasta quedar blancos. Sentí cómo su lubricado coño se contraía con una fuerza inexplicable. Al principio inerte, comenzó a convulsionar leve y paulatinamente, sin poder siquiera gemir. Aquel descomunal orgasmo era dueño de sus sentidos.
En aquel momento me relajé por primera vez y, aminorando el ritmo, le metí la polla lo más delicadamente que pude, hasta lo más hondo, aplastando mis huevos contra las puertas de aquel paraíso. Podía sentir su fin, el límite mismo de su insaciable coño, y sin dejar de tocar esa pared de me incliné hacia delante para besar suavemente la frente de mi querida Anul.
Sus ojos volvieron en sí, bañados en lágrimas de placer.
— Dios...Neyem... — pudo pronunciar al fin — nunca nadie me había follado así...
Con mi polla aún dentro, le acaricié la mejilla y sonreí.
— Funcionas muy bien como juguete, Anul. Me estás resultando muy entretenida. Ahora tienes que acabar conmigo.
Se la saqué muy lentamente para que pudiera disfrutar una última vez del roce de nuestros sexos. Hice que Anul se pusiera de rodillas al filo de la cama y luego me tumbé con las piernas abiertas. Mi polla erecta se agitaba delante de su cara. Cerré los ojos y sentí sus manos agarrando mis muslos. Entonces un escalofrío recorrió mi cuerpo. Anul me empezó a lamer los huevos como si fueran caramelos. Gemí varias veces.
— Mmm...tienes los huevos muy hinchaditos...pero no te preocupes, dentro de muy poco voy a sacar todo lo que guardas ahí dentro...
Se entretuvo un rato comiéndome los huevos mientras me hacía una paja con la mano. Su destreza haciendo mamadas era única.
— No voy a...agh...joder... — no podré aguantar mucho más si sigues así...
Anul soltó un escupitajo sobre mi cabezón y se lo tragó hasta que tocó con él el fondo de su garganta. Gemí de placer y apreté su cabeza contra mí, follándole entonces la boca.
— ¡¡MALDITA SEA ANUL, ESTOY A PUNTO DE EXPLOTAR!!! Su ensalivada garganta no dejaba de hacer ruidos. Ella se atragantaba pero yo seguía penetrándola.
Estaba a punto de correrme. Tumbé a Anul de vuelta en la cama y continúe yo mismo. Quería acabar sobre ella. Quería que toda la leche que llevaba acumulando semanas empapara su cuerpo, quería que sintiera toda esa lefa llenar sus tetas y su cara. Anul reposaba en la cama, fatigada, recobrando el aire, y entonces me corrí.
— ¡AHHHH! ¡OHHH SÍ, JODERRR! MMMM, AH, AH, AH!
Una tras otra solté incontables corridas sobre Anul, que sacó la lengua para recibir mi enorme corrida. Yo seguía hiperventilando sin dejar de descargar.
— ¡AH, AH, AH, AH! ¡DIOS!
Ella jugaba con sus mojadas tetas, y al ver que seguía corriéndome me cogió la polla para seguir ella.
— ¡Eso es Neyem, córrete! ¡¡Córrete en mí, dame toda esa leche!!
Anul se acercó mientras me pajeaba, quería que le llenara la cara con mi corrida, y así ocurrió. Descargué una última vez y sentí la sensación de perder el conocimiento. Mi agitada forma de jadear casi me provocó el desmayo. Tras unos segundos abrí al fin los ojos y salí del orgasmo más grande que había experimentado jamás. Miré a Anul. Se restregaba mi exhausta polla por la cara y le daba besitos con los labios llenos de caliente semen.
Me eché a un lado y caí rendido junto a ella. Ambos nos miramos sonriendo.
— Ha sido increíble, Luna.
— Sí que lo ha sido, Hugo. Siempre disfruto contigo...pero lo de hoy ha sido irrepetible.
Nos quedamos abrazados en la cama hasta que el cansancio hizo que nos durmiéramos en pocos minutos. En efecto, fue una noche única, un encuentro apasionante que nos unió de una forma especial, pero lo que Luna no sabía, es que aún nos aguardaban más fantasías para lo que quedaba del fin de semana. Esto solo había sido el principio...
























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