Flúor y salud humana ¿beneficioso o tóxico?

  • EL FLÚOR EN LA NATURALEZA

El flúor (F) es un mineral relativamente abundante en la corteza terrestre y forma compuestos con la mayoría de elementos. Se trata del elemento químico más electronegativo y pertenece al grupo de los halógenos, un conjunto de elementos altamente reactivos (1). Su forma más frecuente es el fluoruro (F-), un compuesto que aparece de forma natural, a bajas concentraciones, en el suelo, el aire, la vegetación y el agua, de manera que acaba llegando también a los animales, incluidos los humanos. Dada su afinidad por el calcio, en el ser humano el fluoruro está principalmente asociado a tejidos calcificados (huesos y dientes).

La mayoría de organismos son expuestos al flúor, ya sea aquel originado durante procesos naturales, como la erosión de minerales ricos en flúor y las erosiones volcánicas y actividades geotermales, o el originado por actividades humanas, principalmente industriales, cuya lista de ejemplos es más larga:

  • Producción y uso de fertilizantes fosfatados 
  • Uso de pesticidas 
  • Producción de aluminio, cobre y níquel 
  • Procesamiento de minerales fosfatados 
  • Fabricación de acero, vidrio, ladrillos y cerámica 
  • Quema de carbón

Otra importante fuente antropogénica de flúor hacia el medio ambiente es la fluoración de los suministros de agua potable, de la que hablaremos un poco más adelante.

Los niveles de flúor en aguas superficiales varían ampliamente según la localización geográfica y proximidad a las fuentes de emisión, pero en general son muy bajos, en nuestra zona son inferiores a 0,1 mg/L (2). Para hacernos una idea, la concentración de F- en el agua marina ronda 1.2-1.4 mg/L, en aguas subterráneas puede llegar hasta 67 mg/L (especialmente en zonas volcánicas y montañosas), y en la mayoría de aguas superficiales su concentración es menor de 0.2 mg/L.

  • FLÚOR EN AIRE Y SUELO

Este elemento también se encuentra presente en el aire, aunque su concentración es mucho menor que en el agua. El flúor llega a la atmósfera en estado gaseoso como resultado de las fuentes mencionadas anteriormente. En áreas no próximas a las inmediaciones de las fuentes de emisión, las concentraciones medias de fluoruro en el aire ambiente son generalmente inferiores a 0.1 µg/m3. Los niveles pueden ser ligeramente más altos en las zonas urbanas que en las rurales. Sin embargo, incluso en las proximidades de las fuentes de emisión, los niveles de fluoruro en el aire no suelen exceder 2–3 µg/m3.

En cuanto al suelo, el contenido de arcilla y de carbono orgánico, así como un pH ácido, son los principales responsables de la retención de fluoruro en los suelos. En general, la mayoría de fluoruro del suelo es insoluble y por tanto relativamente resistente a la lixiviación, y es su forma soluble (fluoruro del agua subterránea) la que mayor impacto tiene sobre los animales y plantas terrestres.

Según el informe del IPCS (2002), la contribución relativa de diversas fuentes antropogénicas a las emisiones totales de fluoruro al aire, al agua y al suelo en países industrializados como Canadá se estima en 48% para la producción de fertilizantes fosfatados, 20% para la producción química, 19% para la producción de aluminio, el 8% para la producción de acero y petróleo y el 5% para la quema de carbón.

Los líquenes, reputados por su alto valor como bioindicadores, se han utilizado ampliamente como biomonitores de fluoruros. Se midieron concentraciones medias de fluoruro de 150 a 250 mg/kg en líquenes que crecen dentro de 2 a 3 km de las fuentes de emisión de fluoruro, en comparación con un nivel de fondo de <1 mg/kg (3).

  • FLUORACIÓN DEL AGUA POTABLE

Mientras que la mayoría de alimentos contiene tan solo trazas de fluoruro, el agua fluorada y las bebidas elaboradas con esta agua son las principales fuentes de la ingesta de flúor en humanos, junto con las pastas dentífricas y otros productos dentales fluorados.

La fluoración del agua potable consiste en añadir un compuesto fluorado (normalmente fluoruro de sodio, hexafluorosilicato o ácido hexafluorosilícico) al agua de abastecimiento público, con el fin de elevar sus niveles de flúor hasta una concentración óptima para prevenir la caries dental. Este proceso es común en muchos países y ciudades, mientras que no lo es en otros, llegando a estar prohibido en ciertos países, como Alemania, Francia o Finlandia. 

A principios del siglo pasado se observó una relación inversa entre el nivel de flúor del agua y la prevalencia de la caries. De esta forma, Grand Rapids, una ciudad del estado de Míchigan (EE.UU.), fue la primera comunidad de la historia en fluorar su agua con el fin de prevenir la caries, en el año 1945.

A día de hoy, se suministra agua fluorada a aproximadamente el 66% de los residentes de EE. UU., el 38% de los residentes de Canadá y el 3% de los residentes de Europa (X). País Vasco fue el último punto (y el único, durante años [4]) de España donde se llevó a cabo esta práctica, hasta que en 2021 cesó la fluoración de sus aguas (5). En Irlanda, por ejemplo, el agua se fluora desde 1964, y alrededor del 80% de los hogares son suministrados con agua fluorada, mientras que en Reino Unido este valor no llega al 10%. Como podemos observar, existe variación y discordancia en cuanto a la puesta en práctica de la fluoración.

En las comunidades fluoradas, el fluoruro del agua (agua “de grifo”, que también se usa para la elaboración de todo tipo de bebidas) representa del 60% al 80% de la ingesta diaria de fluoruro en adolescentes y adultos.

En la actualidad, la concentración de flúor recomendada en las aguas de consumo público es de 0,7 mg/L, frente a los 0,7-1,2 mg/L recomendados en 1962. No obstante, cada país tiene sus propios criterios y umbrales.

  • FLÚOR EN LAS PASTAS DENTÍFRICAS

Los niveles de fluoruro presentes en los dentífricos son muy elevados, solo tenemos que echar un vistazo a nuestros tubos de pasta de dientes para ver que su concentración en flúor oscila entre 1000-1500 ppm (Figura 1), equivalente a 1000-1500 mg/L, es decir, unas 2000 veces más que la del agua fluorada.

Figura 1. Concentración típica de fluoruro en la mayoría de pastas dentífricas.

Estos dentífricos son especialmente peligrosos para los niños, que suelen tragarse la mayor parte de la pasta de dientes. De hecho, más del 80% de los casos de toxicidad por flúor se da en niños menores de 6 años debido a la ingesta de estos productos. Por este motivo, algunos productos diseñados para niños contienen niveles más bajos de F-, que van de 250 a 500 ppm.

  • FLÚOR, CARIES Y AZÚCAR

La caries dental es una enfermedad que destruye la red de minerales que forman los tejidos duros del diente, provocando dolor bucal y la pérdida de dientes. Está causada por el efecto que tienen los ácidos producidos por las bacterias de la boca al digerir restos alimenticios presentes en nuestros dientes. La principal fuente de energía de estas bacterias son los azúcares, por lo que una dieta alta en azúcares es un importante factor de riesgo para la caries.

El flúor actúa sobre la superficie de los dientes, reduciendo la velocidad a la que se desmineraliza el esmalte, por lo cual ayuda tanto a prevenir como a combatir la caries. Este es, esencialmente, el único motivo por el que se añade flúor al agua de consumo.

En cuanto al modo de acción del flúor en las caries, el ion fluoruro reemplaza al ion hidróxido de la hidroxiapatita cálcica (el mineral que forma el esmalte), y la fluorapatita de calcio formada es más resistente a los ácidos. Por otro lado, en concentraciones altas, el flúor facilita la reducción de la desmineralización del esmalte sano al inhibir el crecimiento y el metabolismo microbianos.

  • HISTORIA DE LAS CARIES

El registro fósil revela varias especies del género Australopithecus con evidentes signos de caries, lo cual constata que ya desde hace varios millones de años nuestros antecesores sufrían esta enfermedad. No obstante, las primeras especies humanas sufrían pocas caries, gracias en parte a su alimentación rica en carne y baja en carbohidratos. La alta prevalencia de caries dental en humanos recientes se atribuye al consumo más frecuente de alimentos vegetales ricos en carbohidratos fermentables (cereales, principalmente) característica de las sociedades agrico-ganaderas, desde hace unos 12.000 años (6).

Además, la transición de la caza y la recolección a la agricultura está asociada con un cambio en la composición de la microbiota oral, y coincide ampliamente con el momento estimado de una expansión demográfica de Streptococcus mutans, una bacteria causante de la caries dental humana.

Varias investigaciones muestran como los antiguos cazadores-recolectores tenían caries en un máximo del 14% de sus dientes, y algunos casi no tenían caries, mientras que, con la llegada de la revolución neolítica, los agricultores antiguos tenían caries en hasta el 48% de sus dientes (7). Por tanto, podríamos decir que las caries son una dolencia moderna asociada al consumo de alimentos ricos en hidratos de carbono, especialmente azúcares.

  • HISTORIA DEL FLÚOR EN LAS PASTAS

Dada nuestra tendencia reduccionista a pensar que la forma de vida actual ha existido desde siempre y a nuestra facilidad para olvidar el pasado reciente (y el remoto), podríamos imaginar que el ser humano siempre ha venido usando pastas fluoradas para el lavado de sus dientes, lo cual no puede estar más alejado de la realidad.

En la década de los 90 del siglo XIX se añadió por primera vez flúor a las pastas dentales para prevenir las caries. La primera pasta de dientes de este tipo fue "Tanagra", inventada por el químico Albert Deninger y vendida por Karl F. Toellner Company, de Bremen, Alemania.

Roy Cross, de Kansas City (Missouri), también fabricó pasta de dientes con flúor en 1937, pero su invención fue criticada por la Asociación Dental Americana (ADA). En la década de 1950, la ADA aprueba la producción de pastas dentales con flúor. Procter & Gamble's lo hizo después de años de investigación y se llamó Crest (Figura 2 y 3). Como vemos, tanto la fluoración del agua como la presencia de flúor en las pastas dentífricas se remontan tan solo al siglo pasado, siendo así una introducción muy reciente en la historia humana. 

Figuras 2 y 3. Anuncio ilustrado por Norman Rockwell del año 1957 para la marca Crest que consiguió llamar bastante la atención del público por la novedosa idea de que los niños pudieran salir del dentista sin ninguna caries nueva.

  • ABSORCIÓN DEL FLÚOR

La principal entrada del flúor a nuestro cuerpo es oral. El fluoruro ingresa al cuerpo a través del tracto gastrointestinal y se absorbe rápidamente en el estómago sin necesidad de sistemas enzimáticos especializados, atravesando el epitelio en forma de ácido no disociado (fluoruro de hidrógeno). Estudios recientes indican que además de atravesar el estómago como ácido no disociado, la mayor parte de la absorción de fluoruro ocurre en el intestino delgado y no depende del pH. Una vez absorbido llega a la circulación sistémica, donde se distribuye por todo el cuerpo (Figura 4).

Figura 4. Metabolismo del flúor en el cuerpo humano.

Los compuestos de fluoruro más solubles, como el fluoruro de sodio (NaF) presente en el agua y las pastas de dientes, se absorben casi por completo, mientras que los compuestos menos solubles, como aquellos con calcio (CaF2), magnesio (MgF2) o aluminio (AlF3), se absorben menos.

El flúor se elimina fundamentalmente a través de los riñones, reduciendo a la mitad su nivel original entre tres y diez horas tras su ingesta (8). El nivel en sangre a largo plazo se ve influenciado por la exposición diaria, así como por la absorción en el hueso en crecimiento y la liberación a medida que se descompone el hueso viejo.

La captación de fluoruro por parte del esqueleto depende de factores como la actividad de remodelación ósea y la edad. Además, el grado de retención de fluoruro en el esqueleto es inversamente proporcional a la edad del individuo. Una vez que se incorpora el fluoruro y cuando se acerca la saturación ósea, el fluoruro se puede eliminar lentamente. Tras la eliminación del fluoruro de las aguas comunitarias, se alcanzó una reducción de fluoruro del 50% en adultos tras 120 semanas, mientras que para los niños el periodo fue de 70 semanas (9).

Del flúor que permanece en el cuerpo, la gran mayoría permanece en huesos y dientes, pero algunos tejidos blandos como el hígado, la glándula pineal, los riñones, el corazón y los pulmones también acumulan flúor.  

  • INTOXICACIONES POR FLÚOR

Los efectos tóxicos del fluoruro se deben principalmente a cuatro acciones diferentes:

  1. Quema los tejidos: El fluoruro forma ácido fluorhídrico cuando entra en contacto con la humedad, y este tiene una acción corrosiva. 
  2. Impide la función nerviosa dada su afinidad por calcio, necesario para dicha función. 
  3. Provoca el envenenamiento celular a través de la inhibición de los sistemas enzimáticos. 
  4. Impide la función cardíaca al causar un desequilibrio electrolítico que conduce a la hiperpotasemia.

Las estadísticas de la Asociación Estadounidense de Centros de Control de Intoxicaciones indican que, de todos los casos notificados de intoxicación por flúor, el 68% estaban relacionados con la ingestión de dentífricos con flúor, el 17% con enjuagues bucales con flúor y el 15% con suplementos de flúor. Los niños menores de 6 años representan más del 80% de los informes de sospecha de sobreingestión (10).

La dosis letal de fluoruro se ha fijado en 15 mg / kg (la bibliografía informa dosis letales entre 7 y 16 mg / kg de peso corporal).

También es destacable mencionar que un exceso de flúor suele provocar la llamada fluorosis dental (Figura 5), una anomalía de las piezas dentales caracterizada por una hipoplasia o hipomaduración del esmalte producida por la ingestión excesiva de fluoruro durante el período de formación del diente.

Figura 5. Efectos cosméticos de la fluorosis dental sobre el esmalte.

En casos más severos, una alta ingestión de fluoruro conduce a fluorosis esquelética, en la cual el hueso es radiológicamente denso, pero frágil. Pueden ocurrir fracturas y puede haber calcificación de ligamentos y tendones, lo que reduce la movilidad articular (11).

  • FLÚOR EN EL TÉ

El té es una fuente natural rica en fluoruro y su consumo se ha convertido en un hábito cultural. La cantidad de fluoruro en el té preparado depende de la concentración de fluoruro soluble en las hojas de té, del nivel de fluoruro en el agua utilizada y de la duración y temperatura de preparación.

La planta del té (Camellia sinensis) absorbe el fluoruro del suelo y lo acumula en sus hojas. Se han registrado niveles de fluoruro que oscilan entre 3,2 mg kg/1 y 400 mg kg/1 por peso en muestras secas (12). Una cantidad sustancial del fluoruro presente en las hojas de té se libera durante la infusión, y se estima que casi todo el fluoruro liberado (alrededor del 94.9%) es absorbido por el cuerpo a partir de dichas infusiones de té.

En este estudio (13), se intentó estimar el nivel de concentración de fluoruro en diferentes variedades de té disponibles comercialmente en la ciudad de Mathura y determinar el cambio en la concentración de fluoruro en diferentes formatos de infusión de té (bolsitas de té, hojas de té y gránulos de té) preparados mediante diferentes métodos. En la Figura 6 se muestran las concentraciones medias de fluoruro en infusiones de té preparadas siguiendo tres métodos diferentes en tres formatos de té.

  • Método 1: Se añade el té a un recipiente con agua a temperatura ambiente 
  • Método 2: Se añade el té a un recipiente con agua hervida 
  • Método 3: Se añade el té a un recipiente con agua hervida a la que se añade leche y azúcar

La cantidad de té y la duración de la infusión fue igual en los tres métodos.

Figura 6. Concentración media de fluoruro en los diferentes formatos de té siguiendo 3 métodos de preparación distintos.

Estos resultados parecen indicar que el aumento de la temperatura favorece la liberación de fluoruro del té y muestran que el nivel de fluoruro obtenido con cualquiera de los métodos independientemente del formato supera el límite de fluoruro recomendado a la población india de 0.7-1.2 mg/l.

  • NEUROTOXICIDAD DEL FLÚOR: INTELIGENCIA EN NIÑOS

En este estudio (14) llevado a cabo con madres canadienses, la exposición materna a niveles más altos de flúor durante el embarazo se asoció con puntuaciones de coeficiente intelectual más bajas en niños de 3 a 4 años. Estos hallazgos indican la posible necesidad de reducir la ingesta de flúor durante el embarazo.

Una diferencia en el nivel de fluoruro urinario materno (MUF) de 0,33 mg/l, que es aproximadamente la diferencia en la concentración de MUF entre mujeres embarazadas de comunidades fluoradas frente a no fluoradas, se asoció con una disminución del coeficiente intelectual de 1,5 puntos entre los hijos. Un incremento de 0,70 mg/L en la concentración de MUF se asoció con una disminución de 3 puntos en el coeficiente intelectual en los niños. Aproximadamente la mitad de las mujeres que viven en una comunidad fluorada tienen un MUF igual o superior a 0,70 mg/L. Estos resultados no cambiaron apreciablemente después de controlar otras exposiciones clave como plomo, arsénico y mercurio.

De forma similar, en un estudio de cohorte de nacimientos que involucró a 299 pares de madres e hijos en la Ciudad de México, un aumento de 1 mg/L en la concentración de fluoruro urinario materno se asoció con 6 puntos de CI más bajo entre los niños en edad escolar (15). En esta misma cohorte, el nivel de MUF también se asoció con más síntomas similares al trastorno por déficit de atención/hiperactividad. Las concentraciones de fluoruro en la orina entre las mujeres embarazadas que viven en comunidades fluoradas en Canadá son similares a las concentraciones entre mujeres embarazadas que viven en la Ciudad de México.

Los hallazgos de estos estudios son concordantes con otras investigaciones que han demostrado una asociación entre niveles más altos de exposición al flúor y menores capacidades intelectuales en los niños (16). En esta revisión y meta-análisis (17) de 27 estudios publicados durante 22 años se sugiere una asociación inversa entre la alta exposición al fluoruro y la inteligencia de los niños. Los niños que vivían en áreas con alta exposición al fluoruro tenían puntajes de coeficiente intelectual más bajos que aquellos que vivían en áreas de control o de baja exposición.

En conjunto, estos hallazgos apoyan que la exposición al flúor durante el embarazo puede estar asociada con déficits neurocognitivos y que el fluoruro puede ser un neurotóxico que afecta el desarrollo del cerebro a concentraciones muy por debajo de las que pueden causar toxicidad en adultos.

  • FLÚOR Y MITOCONDRIAS

El flúor forma parte de muchos medicamentos para facilitar el paso de estos a través de las membranas biológicas, es decir, favorece la difusión y distribución de los fármacos. Esta característica hace que el flúor llegue a todos los órganos y sistemas, alcanzando las mitocondrias, donde causa estragos, pues secuestra los electrones de la cadena transportadora de electrones (CTE), achicando el potencial redox y debilitando la funcionalidad celular. Dado que todos los sistemas de nuestro cuerpo dependen del ATP que se genera gracias al flujo electrónico, el daño causado por el flúor es sistémico. 

Como se ve en este estudio, el flúor no solo daña las mitocondrias, sino también la bomba Na-K, bloquea el metabolismo de carbohidratos, favorece la glicosilación de proteínas y otras estructuras, etc. 

Al asunto se le suman dos características que hacen del problema algo mucho más complejo: 

  • El flúor tiende a acumularse 
  • Los daños asociados a su consumo son bastante inespecíficos ya que daña cualquier célula al frenar su CTE. Por tanto, la asociación entre síntoma y causa es difusa.

Diversas investigaciones han reportado baja motilidad espermática inducida por fluoruro. En este estudio (18), 120 ratones macho sanos fueron administrados por vía oral 0, 25, 50 y 100 mg L(-1) de NaF durante 90 días. Los resultados mostraron que, en comparación con los controles, la ingesta de fluoruro redujo significativamente el recuento y la supervivencia de espermatozoides, así como la movilidad y el nivel total de ATP en los espermatozoides.

Los datos revelaron además que la movilidad de los espermatozoides y el nivel de ATP en condiciones de respiración mitocondrial se suprimieron significativamente, mientras que no se produjeron diferencias estadísticas en el modelo de glucólisis, lo que indica que el ATP derivado de las mitocondrias se vio afectado.

Además, las expresiones de ARNm del citocromo b mitocondrial (mt-Cytb) y la subunidad 2 de la citocromo c oxidasa (mt-COX2), dos moléculas importantes en la cadena de transporte de electrones mitocondrial (ETC), se redujeron en todos los grupos de tratamiento con fluoruro. Las mitocondrias en el esperma de ratones expuestos a 100 mg L(-1) de NaF parecían ser irregulares y vacuoladas. Estos hallazgos sugirieron que la disminución de la motilidad de los espermatozoides inducida por el fluoruro puede ser el resultado de una baja generación de ATP debido a la ETC alterada en las mitocondrias de los espermatozoides.

Otro estudio (19) tuvo como objetivo investigar si el fluoruro puede inducir deterioro mitocondrial y mitofagia en células testiculares. Para ello, 40 ratones macho se dividieron al azar en cuatro grupos tratados con fluoruro de sodio a 0, 0.6, 1.2 y 2.4 mM, respectivamente, durante 90 días. Los resultados mostraron que el fluoruro disminuyó el potencial de la membrana mitocondrial con un aumento concomitante en el número de lisosomas.

La exposición al fluoruro también aumentó las expresiones de PINK1 y PHB2 en las células de Leydig. Estos resultados revelaron que el fluoruro podría inducir deterioro mitocondrial y mitofagia excesiva mediada por PINK1/Parkin en células testiculares, especialmente en células de Leydig, lo que podría contribuir a la aclaración de los mecanismos de toxicidad reproductiva masculina inducida por fluoruro.

  • EL FLÚOR NO ES UN OLIGOELEMENTO

El flúor no tiene ninguna función esencial conocida en el crecimiento y desarrollo humano, y no se han identificado signos de deficiencia de flúor. Por un lado, no se conocen procesos bioquímicos que necesiten la presencia del ion fluoruro para funcionar correctamente. Por otro lado, hay muchos procesos que se ven perjudicados por el fluoruro, dada una concentración tisular suficiente.

Además, el hecho de que el flúor haya jugado un papel importante en la reducción de la caries dental en las últimas décadas no implica que la caries sea una enfermedad por deficiencia de flúor.

  • EVITAR LAS CARIES SIN NECESIDAD DE FLÚOR

Un punto importante a entender dentro de este contexto es el hecho de que se puede tener una buena salud bucal sin necesidad de la más mínima cantidad de flúor. Recordemos que las caries ocurren principalmente bajo dos condiciones:

  • Restos de comida presentes en los dientes, fundamentalmente azúcares 
  • Presencia de determinadas especies bacterianas en nuestra microbiota oral

La composición de nuestra microbiota oral depende del estilo de vida y principalmente de la dieta, y reduciendo el consumo de alimentos ricos en azúcares simples y comida procesada conseguiríamos reducir la incidencia de las caries.

Por otro lado, el simple hecho de cepillar los dientes y aclarar la boca favorece enormemente a la eliminación de esos restos de comida, y con ello los posibles sustratos sobre los que las bacterias actuarían formando los ácidos que atacan nuestro esmalte. Así pues, un mero cepillado de dientes con agua tras la comida sería la base fundamental para evitar este problema. Por supuesto, se puede optar por pastas dentífricas sin fluoruro (tras haber probado varias, recomiendo esta) o por remedios caseros, como por ejemplo una pasta de aceite de coco con bicarbonato y aceite esencial de menta.

Como con la mayoría de problemas, la solución mejor encaminada sería apuntar a la base del asunto, en este caso, a la alimentación que llevamos y al cepillado de los dientes. Exponernos a concentraciones notablemente altas de un elemento para nada esencial y potencialmente nocivo para tratar un problema cuya raíz es una mala alimentación y una falta de higiene oral es cuando menos torpe y peligroso.

  • ESTRATEGIAS PARA REDUCIR EL FLÚOR

Además de lo mencionado arriba, podemos acudir a manantiales naturales de los que recoger agua para beber y cocinar. Esta agua, sin flúor ni cloro, de la que lleva bebiendo gente local durante muchos años, sea quizá la mejor a la que podamos optar. Aquí dejo una página que recoge la localización de una gran cantidad de manantiales en Euskadi.

Si lo que queremos es reducir los niveles de fluoruro en nuestro cuerpo, lo cual puede ser especialmente interesante en caso de sobre-ingestiones o intoxicaciones por flúor, podemos recurrir al tamarindo y a la cúrcuma.

El tamarindo es un árbol tropical del cual la pulpa de su fruto ha demostrado ser eficaz favoreciendo la excreción urinaria de fluoruro (20). En un estudio en el que 18 niños consumieron 10 gramos de tamarindo al día junto con su almuerzo, se observó una mayor excreción de fluoruro en la orina de 24 h (4,8+/-0,22 mg/día) en comparación con la excreción en la dieta de control (3,5+/-0,22 mg/día). No obstante, la excreción de magnesio y zinc por parte de los niños que consumieron tamarindo disminuyó significativamente. Estudios similares se han llevado a cabo en ratas.

La curcumina, una sustancia encontrada en la cúrcuma, ha demostrado tener un efecto neuroprotector al mitigar los efectos del fluoruro sobre cerebros de ratones (21). Se ha observado que una dosis diaria de 120 ppm fluoruro da como resultado aumentos muy significativos en la peroxidación lipídica, así como cambios neurodegenerativos en los cuerpos celulares de las neuronas de regiones seleccionadas del hipocampo. La suplementación con curcumina redujo significativamente el efecto tóxico del fluoruro a un nivel casi normal al aumentar la defensa antioxidante y proporciona evidencia acerca de su papel terapéutico contra la neurodegeneración mediada por el estrés oxidativo.

  • BIBLIOGRAFÍA ADICCIONAL
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