Viktor Frankl, voluntad, logoterapia y cuestiones relevantes

“Imagina que eres un joven y prometedor psicólogo que trabaja en Viena a mediados del siglo XX. Eres brillante, y puedes presumir de haber asistido a conferencias de Freud. Has estado trabajando con casos de suicidio y has formulado una teoría que desafía los diferentes enfoques del psicoanálisis que se han desarrollado hasta el momento. El único problema: eres judío durante la era nazi.

Intentas ocultar tu manuscrito mientras te procesan al llegar a Auschwitz, pero te lo quitan. Nada en tu vida tiene algún significado: eres solo un número, una fuente de energía biológica mientras seas capaz de realizar trabajos manuales forzados y una fuente de materia prima cuando estés muerto. Lo que no se use será incinerado o arrojado a una pila de cadáveres en masa. “Arbeit macht frei” proclaman las puertas de Auschwitz: el trabajo te hará libre.

Contra todo pronóstico, sobrevives. Durante tu tiempo en el sistema de campos de exterminio, sigues llevando a cabo tu labor como analista psiquiátrico, observando el comportamiento humano a tu alrededor. Empiezas a notar que la fuerza física y la resistencia no son indicadores de quién sobrevivirá. Algunos de los especímenes más aptos físicamente son los que mueren más rápido. No, existe algún otro factor que convierte a una persona en candidata para la supervivencia (si la enfermedad, el trabajo, la desnutrición y la falta de sueño no te mata en última instancia): y, por extraño que parezca, ya sabías lo que era. Tu manuscrito aplicado a la vida en los campos, predijo quién sobreviviría y quién sucumbiría.”

El lema fue emplazado sobre los accesos a numerosos campos de concentración y exterminio establecidos por el régimen nazi.

“El hombre en busca de sentido” es un libro que se desarrolla tras las vivencias que Viktor Frankl sufrió durante los casi tres años que estuvo preso en distintos campos de concentración durante la segunda guerra mundial.

La primera vez que leí este libro sentí un brusco despertar agitar mi cabeza; se estaban rompiendo las paredes de aquella caja de ideas a medida que nuevos planteamientos vitales se abrían paso. Este es un libro que deja huella; no solo por las valiosísimas lecciones que aporta de principio a fin, sino precisamente y sobre todo, por esas novedosas cuestiones que hace brotar en nuestra mente mientras uno lo lee. Cuestiones que, por su naturaleza, de ninguna manera podrían evitar ser sometidas a un profundo análisis.

El objetivo de esta entrada no es otro que el de ahondar un poco en esas preguntas, no para tratar de responderlas, sino para compartirlas y así alentar su reflexión, y a la vez dar a conocer, aunque sea brevemente, el personaje de Viktor Frankl y su filosofía terapéutica.

CONTEXTO SOCIAL Y PERSONAL DE VIKTOR FRANKL

Viktor Frankl nació en el seno de una familia de origen judío en Viena en el año 1905. Ya desde joven se interesó por la psicología y estudió medicina en la Universidad de Viena, especializándose en neurología y psiquiatría. Durante los siguientes años trabajó en distintos hospitales y practicó la psiquiatría de forma privada. Por aquel entonces, además de una prometedora carrera profesional, Viktor disfrutaba de un sereno y afectuoso ambiente familiar.

Viena a principios del siglo XX.

En cuanto al contexto social, durante la primera mitad del siglo XX, Viena era un foco excepcional de la cultura, las artes y el civismo europeos, siendo también el lugar de residencia de las autoridades en psicología del momento, como lo eran Sigmund Freud y Alfred Adler. De hecho, desde muy temprano Viktor se interesa por el psicoanálisis y mantiene contacto con Freud.

No obstante, Viktor diverge en sus ideas de tales autoridades, y estos desacuerdos le condujeron a una crítica del psicoanálisis, que junto a sus aportaciones personales del estudio y la experiencia clínica tras casi dos décadas, fue recogida en un manuscrito en fase de encontrar editor justo al momento en que Viktor fue deportado. Este libro será finalmente editado y publicado al poco de la liberación de Viktor bajo el nombre de “Psicoanálisis y existencialismo”, y es tras su éxito que Frankl decide ponerse a escribir “El hombre en busca de sentido”.

A principios de los años 40 del siglo pasado, en contraste con el sosiego personal y familiar del autor, la situación social empeoraba por momentos. La invasión nazi provocó una aguda agitación social y política, creando un clima de miedo y zozobra para los judíos, quienes se angustiaban por un futuro cercano que se presagiaba aterrador.

La familia Frankl, al comprender lo dramático de la situación, intentó encontrar alguna solución. La única alternativa sensata parecía la huida. La hermana de Víctor logró escapar a Australia, mientras que su hermano, con menos suerte, intentó a la desesperada una salida hacia Italia, pero fue capturado y acabó muriendo con su familia en el campo de Auschwitz.

Fotografía tomada en 1926 donde podemos ver a la familia Frankl reunida. De izquierda a derecha tenemos a Viktor Frankl, a su padre Gabriel Frankl y su madre Elsa Lion, su hermana pequeña Stella Josefine Frankl y finalmente a su hermano mayor Walter August Frankl.

Viktor, por su parte, consiguió un visado para emigrar a Estados Unidos, lo cual les permitía a él y a su recién esposa Tilly Grosser evadir la persecución nazi y defender sus teorias psiquiátricas en un marco de mayor resonancia cientifica. A pesar de esto, Viktor dudó de qué debía hacer, ya que sus padres, ancianos y desvalidos, no habían conseguido la documentación que les permitiera emigrar. Al final, una conversación con su padre, quien le recordó uno de los mandamientos judios, hizo que Viktor decidiera quedarse en Austria para cuidar de sus padres. Unas semanas después, tanto Viktor, a sus 37 años, como el resto de su familia, fue deportada al completo.

Viktor Frankl y Tilly Grosser, casados meses antes de ser enviados a los campos de concentración.

Desde el momento que es deportado, Viktor será separado de su familia, verá morir a su padre a los pocos días de llegar a su primer campo de concentración y perderá toda pista sobre el resto de su familia hasta su liberación 3 años más tarde, cuando será conocedor de la muerte de todos ellos, incluso el hijo que esperaba, pues su esposa, embarazada al momento de ingresar en el campo, fue obligada a abortar.

Además, nada más llegar preso, se le arrebata y se destroza el manuscrito del libro que reunía el trabajo de décadas y que estaba pendiente de publicar. Durante los siguientes 3 años vivirá sometido a un cautiverio, una explotación y un sometimiento absolutamente abominables y despreciables.

Fosa común del campo de concentración de Bergen-belsen en abril de 1945, al momento de la liberación del campo.

En “El hombre en busca de sentido” Viktor trata de explicar cómo afecta el día a día en un campo de concentración a la mente y a la psicología del prisionero medio. Más adelante, en el apéndice del libro, ofrece una visión completa de su teoría y filosofía terapéutica, la logoterapia.

LOGOTERAPIA

El concepto de logoterapia da para interminables horas de lectura y, a pesar de que ya fue descrito por Viktor a sus 21 años, es un concepto que sin duda se vio marcado por la experiencia que este vivió en los campos de concentración. En resumidas cuentas, podríamos decir que es un tipo de psicoterapia que propone que la voluntad de sentido es la motivación primaria del ser humano, es decir, el ánimo por descubrir y realizar el sentido de nuestras vidas sería nuestra motivación vital, lo que nos empuja a seguir adelante. Encontrar y, sobre todo, entender el propósito de nuestra existencia.

Tal vez una buena forma de entender la voluntad de sentido de la que habla la logoterapia sea la frase célebre de Nietzsche que el mismo Viktor repite durante su libro: “El que tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

La logoterapia pone especial interés en declarar al sujeto como responsable de la elección del sentido que le quiere dar a su vida, es decir, intenta que el paciente cobre conciencia plena de sus responsabilidades personales; y en consecuencia, le fuerza a elegir por qué, de qué o ante quién se siente responsable.

Los principios básicos de la logoterapia son:
  • La vida tiene un significado bajo cualquier circunstancia, incluso en las más miserables.
  • Nuestra motivación principal para vivir es nuestra voluntad para encontrar sentido en la vida.
  • Tenemos libertad para encontrar sentido en lo que hacemos, en lo que experimentamos, o al menos en la postura que tomamos al enfrentar una situación de sufrimiento inmutable. Es decir, podemos descubrir o realizar el sentido de la vida según tres modos diferentes:
      1. Realizando una acción
      2. Acogiendo las donaciones de la existencia
      3. Mediante el sufrimiento
Pondré algunos ejemplos de cada una de estas posibilidades:
    1. Dando origen a algo, es decir, creando o trabajando: bien sea un artista que crea una película, un cuadro, una canción; bien sea un padre que da origen a una familia; alguien que se construye una casa donde vivir, o un barco, etc.
    2. Contemplando y amando lo que la naturaleza nos ofrece: ya sea disfrutando de la majestuosidad de un atardecer desde la playa, o el paisaje lleno de vida de un bosque, o la belleza que nos enamora de nuestros semejantes.
    3. Aceptando el sufrimiento: Cuando se presenta una situación dolorosa inevitable e irrevocable, como un cáncer terminal o una enfermedad incurable, la vida ofrece la oportunidad de cumplir el sentido más profundo: aceptar el sufrimiento. El valor no reside en el sufrimiento en sí, sino en la capacidad de soportarlo.
“Si hay un significado en la vida, entonces debe haber un significado en el sufrimiento. El sufrimiento es una parte erradicable de la vida, como el destino y la muerte. Sin el sufrimiento y la muerte, la vida humana no puede ser completa.”

No podemos (y mucho menos debemos) olvidar lo que Viktor y otros cientos de miles de individuos vivieron en los campos de concentración y exterminación durante el holocausto. Es difícil imaginar, es arduo comprender, el nivel de sometimiento que ejercían sobre los presos las crueles y represivas leyes del campo.

Ante tales situaciones, desprovistos no solo de toda posesión y libertad anterior al cautiverio, sino también de casi cualquier tipo de control sobre sus vidas, podríamos pensar que el hombre es un ser completa e inevitablemente determinado por su entorno. Es en este momento cuando Viktor acude al concepto de “libertad interior” o “libertad de voluntad”, que se opone a la teoría que presenta al hombre como un producto resultado de unos factores condicionantes determinados.

Para Viktor, que experimentó en sus carnes un dolor insólito y atestiguó el comportamiento del hombre ante un entorno hostil infranqueable, el hombre mantiene su capacidad de elección. En sus propias palabras:

“Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal frente al destino, para decidir su propio camino”.

Para el logoterapeuta esto implica que siempre tenemos la oportunidad de elegir cómo afrontamos cualquier acontecimiento, siempre nos queda esa última libertad, y esto hace que la vida tenga sentido bajo cualquier circunstancia.

Llegado a este punto resulta evidente la importancia que tiene el papel de la elección y la responsabilidad para la logoterapia. Viktor considera que cualquier situación plantea y reclama del hombre un reto o una pregunta a la que solo él está en condiciones de responder. Por estos motivos, el hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que la vida le interroga a él, quien ha de contestar de una única manera: respondiendo de su propia vida y con su propia vida.

A estas alturas también entendemos por qué Frankl discrepaba con las anteriores escuelas vienesas de psicoterapia, y es que estas no se fundan en la voluntad de sentido, sino en la voluntad de placer (Freud) o en la voluntad de poder (Adler).

Como nota última de esta introducción al tema, diré que otro punto importante para entender la logoterapia es que el sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día a otro e incluso de una hora a otra. Por tanto, lo que importa no es el sentido de la vida en formulaciones abstractas, sino más bien el sentido concreto de la vida de un individuo en un momento determinado. Ese saber responder único y adecuado ante cada una de las circunstancias de la vida.

A continuación dejo, borrosas y confusas, las cuestiones que tras la lectura del libro aún protagonizan mis cavilaciones:

¿QUÉ HAY POR ENCIMA DEL HOMBRE?

Si el hombre es tan frágil como individuo, si la vida, la libertad e incluso (tal vez) la dignidad de un sujeto pueden ser tan fácil y vilmente comprometidas, y si la vida puede llegar a ser solo sufrimiento: ¿acaso tiene sentido el individuo por sí solo? ¿o en realidad nuestra trascendencia como sujetos es nimia y solo habríamos de considerar fundamental a la humanidad; o sea, al conjunto de nuestra especie? ¿o al total de organismos que conforman la vida? ¿o tal vez ni lo uno ni lo otro, sino que pudiera ser la naturaleza la única valedora de algún tipo de “sentido” único y total?

A menudo, síntoma evidente de nuestro antropocentrismo, incurrimos en la inadvertencia de preguntarnos acerca del sentido de la vida poniendo al hombre en el centro de la cuestión, sin reparar en que, tanto la vida como la existencia llevan mucho más tiempo que nosotros formando parte del cosmos.

¿Dictamina el orden cronológico de aparición de las cosas la importancia que estas tienen sobre otras, o su “derecho” a persistir antes que las cosas ulteriores?¿O acaso todo juicio y valoración viene del humano y por tanto tales preguntas solo tienen cabida en su mente, y en realidad fuera de esta nada de lo anteriormente cuestionado tiene un significado?

La respuesta a la pregunta de si hay algo por encima del hombre podría ser afirmativa, pero, como acabo de cuestionarme, tal vez solo dentro de nuestra mente, porque al ser esta la que crea y emite tal idea, aquello que nos preguntamos no deja de haber nacido en nosotros mismos.

Quizá lo más seguro sea decir que la existencia, la naturaleza, aquello que ocurre, es lo único que tiene sentido. Esto es así por el hecho de que a ella no se le pregunta ni se le cuestiona, no se le pide permiso, sino que simplemente acontece, deviene inexorablemente. Sin duda, esta entidad que llamamos realidad o existencia no hace juicios de valor, pues se limita a suceder, en todo momento, y ninguna de las acciones o efectos de cualquier otro elemento que la habitan puede impedir esa función esencial. Es más, solo contribuyen a alimentarla.

Quizá, tras el nacimiento del universo, el surgimiento de la vida podría ser el segundo evento más trascendental, y, siendo romántico, tal vez en tercera posición, la vida humana, merecedora de tal puesto por haber llegado a reparar en la condición tan especial de ser consciente de que existe dentro de un universo que ha dado origen a todo.

¿QUÉ MUEVE AL INDIVIDUO?

Como ya hemos explicado, la escuela de Viktor propone que lo más importante para un hombre, por lo menos para mantener la voluntad de vivir y no rendirse, es la voluntad de sentido, la búsqueda de un propósito a nuestra existencia. No obstante, ¿cómo podemos saber qué es lo que quiere el hombre en realidad y qué es lo que lo mueve? ¿Placer, poder, sentido? En mi opinión, ni lo uno, ni lo otro. Buscar el sentido o entender la felicidad no es un estado natural, ha de trabajarse adrede.

Creo que lo más apropiado para tratar de entender qué mueve a los seres humanos es tomar un punto de vista evolutivo, aunque esto, en el caso de nuestra especie, no es tan sencillo. Partiendo de la idea de que la selección natural rige la evolución, y que esta apremia a aquellos individuos que mayor capacidad de supervivencia, de adaptación a su entorno y de generar progenie tienen, podríamos pensar que el estado más natural del hombre y de cualquier otro ser vivo es aquel encaminado a satisfacer estas premisas: sobrevivir a la edad adulta y dejar descendencia.

En realidad, esto significa que los seres vivos no son más que vehículos efímeros creados por los genes, potencialmente inmortales, para la diseminación y renovación de estos últimos. Al trabajar juntos, los genes pueden construir adaptaciones mayores y mejores que las que pueden hacer solos. Sufrimos porque nuestras adaptaciones están diseñadas para promover no la salud o la felicidad, sino la replicación genética.Y morimos porque no estamos hechos para durar, sino para ser sustituidos por nuevas máquinas de replicación genética en la siguiente generación. La función del cerebro no es encontrar la verdad, sino ayudar a los genes a hacer más copias de sí mismos.

Así pues, la respuesta fundamental a la pregunta “¿qué mueve a los hombres?” sería: la supervivencia.

Para mí, lo difícil del asunto es entrever cómo se relaciona la enorme diversidad de actividades humanas con este motor “vital” o genético. Es cierto que la selección natural carece de planes y que cuenta con un importante factor estocástico, de forma que no todos los seres vivos apuntan en esa dirección, si bien sí han de hacerlo los que perduran.

Yo me pregunto:
  • ¿De qué forma contribuye un empleado de una empresa que tiene por objetivo ascender y ganarse un gran puesto a facilitar la dispersión de sus genes?
  • ¿Y quien dedica su vida al entrenamiento y a la competición con el objetivo de ser la mejor versión de sí mismo en el ámbito deportivo?
  • ¿Y el que sucumbe a todo tipo de placeres sin mayor ambición que la de pasar un buen rato?
Pienso que en el caso del ser humano la cultura cambió el paradigma. En el mundo actual lo “natural” es la búsqueda del placer, desde bien pequeños. Por natural hoy en día entendemos aquel estado más dopaminérgico, porque la tendencia es a la búsqueda del placer. Esto es debido a que la cultura, habiendo implantado un entorno adulterado y alejado de lo natural, se aprovecha de nuestros circuitos neuronales hasta el punto de cegarnos con una excitación y una sobreestimulación constantes.

“El verdadero problema de la humanidad: tenemos emociones del Paleolítico, instituciones medievales y tecnología de dioses”
-E.O. Wilson

Algunas preguntas más:
  • ¿De qué forma está condicionando nuestro estilo de vida actual la adaptación de los humanos a su entorno?
  • ¿Hasta qué punto son capaces de dilatarse nuestras capacidades biológicas manteniendo la supervivencia de la especie cuando el ambiente nos dificulta realizar o cumplir las funciones que rigen nuestra supervivencia?
  • Al estar impedidos por tareas modernas, como el trabajo continuo, sedentario y en ocasiones insustancial, y sus taras correspondientes, como el distanciamiento intrafamiliar, la carencia de vínculos sociales verdaderos (tribus y comunidades), la precariedad, la falta de recursos, de valores, etc., ¿qué podemos esperar del futuro de nuestra civilización?
CIERRE Y RECOMENDACIÓN FINAL

Os dejo aquí un enlace a una serie de preguntas que nos ayudan a exprimir los conocimientos adquiridos tras la lectura del libro.

Por último, quería recomendar otro autor y su obra, relacionada con el tema del holocausto: Primo Levi. Recientemente he leído su libro “Si esto es un hombre” y he quedado de nuevo impresionado por el crudo relato de lo terrible que fue la experiencia de tantos presos como él durante el Tercer Reich.

No se trata de una obra orientada al entendimiento mental del hombre dentro del campo de concentración como la de Viktor, sino que es un relato mucho más explícito y revelador en cuanto al día a día en todos los aspectos de un prisionero en Auschwitz, y es esta característica la que hace de lo narrado algo más aterrador, visceral y preocupante. Por suerte, el libro supone un registro y un patrimonio de la humanidad que jamás deberá de ser borrado u ocultado, y su lectura implica una lección histórica, política y social que pone de manifiesto los horrores que podemos cometer (por malicia o por desinterés) con nuestros semejantes.

Espero que la entrada haya sido de vuestro interés y que entre todos podamos seguir reflexionando acerca de lo expuesto (anímate a dejar un comentario 😉).

@thesaanman en Twitter

Comentarios

Entradas populares de este blog

SOL Y CRONOBIOLOGÍA

Encuentro entre extraños conocidos

AGUA: MUCHO MÁS QUE H2O